En una gran variedad de casos encontramos animales actuales con un antepasado extinto de mucho mayor tamaño, por ejemplo, el cocodrilo. Si un cocodrilo actual puede medir 6 metros, su antepasado podía superar (supuestamente) los 18 metros.
Ambos cocodrilos tienen una forma física prácticamente idéntica, lo único en que se diferencian es en el tamaño, que se descubre comparando los fósiles encontrados con los cocodrilos actuales, el resultado: fósiles extremadamente enormes. Aunque por otro lado también se encuentran fósiles de la misma época pero de mucho menor tamaño (sobre 11 metros). Algunos científicos e investigadores han descubierto una solución más lógica:
Para que sea posible la fosilización, es necesario que una serie de casualidades dejen intactos los restos del cuerpo del animal. Se pueden encontrar fósiles en buen estado de conservación de dos formas principalmente: en sedimentos o en pozas de brea. Cuando se trata de fósiles de sedimentos, el estado de conservación suele depender de la calidad y tipo de roca o tierra donde se encuentre; y del suelo se pueden encontrar muchas más determinaciones del animal que en el propio fósil, como por ejemplo la época de la muerte. De este modo una tierra húmeda puede generar huesos blandos y deshilachados, mientras que una tierra muy seca puede conservar mejor el cuerpo.
Hay muchas pruebas en la química ósea que indican que los huesos se pueden comportar a lo largo de los años como una esponja. Los huesos son en su mayoría muy porosos y lentamente absorben la humedad del suelo, que con el paso de los años, puede provocar un efecto dilatador que aumenta hasta en un 150% su tamaño real. El agua que se acumula en estos huesos siempre está impregnada de la tierra por donde pasa; lo que quiere decir que del mismo modo se acaba por rellenar el hueso de fango.
En periodos de sequía el barro se secó, dando lugar a huesos igual de rígidos que los comunes pero de mayor tamaño (aunque composición química diferente). La explicación que le da la ciencia ordinal a que muchos componentes del hueso desaparezcan y acaben sustituidos por la arcilla de la tierra circundante es simplemente que se “deshace con el tiempo pero lo demás permanece exactamente igual que como se enterró”. Los cocodrilos viven cerca del agua, cazan en el agua y nadan en ella a la perfección: el agua es su hábitat. Eso quiere decir que un cocodrilo que murió hace miles de años pudo ser arrastrado por el agua de río y con el tiempo su cuerpo se estancara en una zona lodosa; cientos de años más tarde el río fue secándose poco a poco hasta reducir su caudal o incluso pudo desviarse.
El esqueleto del cocodrilo permaneció allí con una gran cantidad de humedad los primeros años y sufrió el proceso de dilatación de forma rápida, luego, cuando el río perdió potencia, se secó, hasta el día en que un arqueólogo lo encontró.
Siguiendo esta misma hipótesis podemos acercarnos al caso del tiranosaurio y el tiranosaurio rex. La palabra latina “rex” significa “rey”, por lo que se relaciona en este caso con gran tamaño. Morfológicamente eran iguales pero de tamaños muy diferentes:
Mientras que el tiranosaurio común no llegaba a los 19 metros, el tiranosaurio rex superaba los 38. Los fósiles de tiranosaurio común se hallaron en zonas poco húmedas y con escasas precipitaciones, mientras que los de tiranosaurios rex se encontraban en zonas casi selváticas, con una considerable influencia del agua.

Diferencia entre el hombre, el mamut y el elefante africano.
Los únicos fósiles en los que se podría confiar son los incrustados en la brea. La brea es una sustancia muy pegajosa e inmiscíble a los líquidos y objetos sólidos, caso similar a lo que ocurre con el agua y el aceite: no se pueden mezclar. Por lo que los fósiles encontrados en la brea son completamente confiables. Aquí se puede descubrir fósiles de mamuts que, aunque son más grandes que los elefantes, están por debajo del tamaño de los fósiles de mamuts encontrados en sedimentos: los mamuts encontrados en brea medían aproximádamente 5 metros, mientras que los encontrados en sedimentos superaban los 7-8 metros. La ciencia ordinaria, incluso con la diferencia de tamaño, los considera miembros de la misma especie pero nunca ha explicado cómo es posible que hubiese ocurrido ese enigma. También se han encontrado mamuts congelados en glaciares. Estos mamuts están conservados perfectamente y ni siquiera han perdido la piel ni los tejidos blandos del organismo, por lo que podemos deducir que eran exactamente iguales antaño. Curiosamente medían igual que los encontrados en brea (rondando los 4 o 5 metros). Según las condiciones externas y el tiempo los fósiles se dilatarán más o menos: si tan solo han pasado unos pocos miles de años y el exterior no ha sido especialmente húmedo el crecimiento no será muy grande (caso del mamut). Mientras que si ha estado miles y miles de años sufriendo a diario precipitaciones el resultado será un fósil descomunal (caso del tiranosaurio rex).











MUY LINDAS LAS IMAJENES